Lo que no vemos del cole
He cursado mis estudios en el CEIP La Garena y después en el IES Antonio Machado, ambos ubicados en Alcalá de Henares. Actualmente estudio en la universidad, pero al mirar atrás y pensar en mi instituto, lo primero que me viene a la cabeza son las clases, los recreos y los exámenes. Nunca me había parado a pensar en cómo se organizaba todo para que funcionara cada día. Pero cuando empiezas a verlo desde dentro, te das cuenta de que un centro escolar es como una gran máquina con muchas piezas que tienen que encajar bien para que todo salga adelante.
Por ejemplo, durante mucho tiempo pensé que el director solo se encargaba de darnos discursos en las reuniones generales, pero en realidad es quien toma las decisiones más importantes del centro. Luego está el jefe de estudios, que organiza los horarios y las evaluaciones (así que ya sé a quién culpar cuando nos ponían tres exámenes seguidos). Y el secretario, que aunque no lo veíamos mucho, es quien maneja el dinero y la burocracia del colegio.
También me sorprendió saber que los alumnos tenemos voz en el Consejo Escolar. A partir de Secundaria, podemos formar parte y dar nuestra opinión sobre decisiones importantes. Nunca me había planteado que podríamos influir en cómo funciona el colegio, pero ahora veo que, aunque sea poco, teníamos un papel en ello.
Otra cosa que me hizo pensar es la cantidad de documentos que existen para que todo esté organizado. El Proyecto Educativo de Centro (PEC) define qué tipo de educación se quiere en el instituto: en el caso del IES Antonio Machado, se apuesta por una educación inclusiva, participativa y centrada en el desarrollo integral del alumnado, fomentando el respeto, la igualdad y el pensamiento crítico. La Programación General Anual (PGA) recoge los objetivos y actividades para el curso escolar, como las salidas, las actividades culturales o los planes de refuerzo y apoyo. Y las Normas de Organización y Funcionamiento (NOF) marcan las reglas de convivencia, derechos y deberes de todos los miembros de la comunidad educativa, aunque muchos estudiantes ni siquiera las conozcan.
Ahora bien, también es importante reconocer las problemáticas que viví durante mi etapa escolar. Una de las más claras era el tamaño del instituto: era un centro muy grande, y especialmente en Segundo de Bachillerato se notaba la masificación. Yo era de la clase “I”, y había hasta una clase “J”, es decir, al menos diez grupos en ese curso. Esa cantidad excesiva dificultaba mucho la conexión entre profesores y alumnos. La atención más personalizada se volvía casi imposible, y muchas veces daba la sensación de que éramos solo números en una lista. A eso se sumaba que algunos profesores no adaptaron bien su enseñanza a los contenidos de la EBAU, lo que hizo que en mayo nos encontráramos con la responsabilidad de prepararnos por nuestra cuenta. Esa falta de orientación específica en un momento tan decisivo fue frustrante y generó inseguridad entre muchos de nosotros.
¿Qué habría propuesto yo para mejorar el funcionamiento del instituto?
En primer lugar, potenciar un canal de comunicación más directo entre el alumnado y el equipo directivo, como una asamblea trimestral o un buzón de sugerencias gestionado por los delegados. También sería importante coordinar mejor los exámenes entre departamentos, para evitar semanas de agobio extremo. En cuanto al Bachillerato, propongo reducir el número de grupos o, al menos, garantizar apoyos más personalizados, especialmente de cara a la preparación de la EBAU. Por último, creo fundamental trabajar más el bienestar emocional, incorporando tutorías donde se hablara abiertamente del estrés, la ansiedad o los problemas sociales dentro y fuera del aula.
Después de haber pasado por el instituto y ahora estar en la universidad, me doy cuenta de que un colegio no es solo un sitio donde se estudia, sino una comunidad con muchas personas trabajando para que todo funcione. Y aunque como alumnos a veces nos quejábamos de las reglas o de cómo se organizaban las cosas, entender cómo se tomaban las decisiones y atrevernos a proponer cambios nos ayudaba (y aún puede ayudarnos) a ser parte activa de esa comunidad.

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