El aprendizaje fuera de la escuela

Creo que desde que somos pequeños, nos han dicho que la única forma de aprender es a través de la escuela. Nos enseñan que la educación se limita a lo que nos dicen en las aulas, que el conocimiento “válido” es el que nos dan en esos espacios, y que todo lo demás queda fuera. Pero la realidad es que no siempre ha sido así. Hay muchas personas que piensan que aprender no tiene que ver solo con estar en una escuela, sino con lo que aprendes en la vida misma.

Nos han dicho que “cultura” es solo el tipo de conocimiento que nos enseñan en las instituciones educativas, pero, en realidad, el saber no tiene número. Hay muchísimo que aprender, no solo en la escuela, sino en cada experiencia, conversación, lugar… El problema es que hay ciertos tipos de conocimiento que la sociedad valora más que otros. Por ejemplo, hay conocimientos académicos que te hacen ver como “inteligente” o “capaz”, mientras que otros, como los que aprendes en la calle o a través de la vida, a veces te hacen ver como si no supieras nada.


Y lo más triste es que esos estereotipos y prejuicios están muy marcados por lo político, lo social y lo cultural, y que hasta yo, diciéndolo, lo haya pensado también en algún momento al no conseguir tal nota o en alguna que otra situación escolar. Por ejemplo, cuando repetí curso, me sentí muy tonta. Lo viví como un fracaso personal, como si todo el mundo fuera a estar decepcionado conmigo. Lo pasé fatal ese verano, no quería ni ir a mi pueblo, que es uno de mis lugares favoritos. Esa experiencia me marcó mucho, y con el tiempo me di cuenta de que ese dolor no venía tanto de repetir como tal, sino de lo que socialmente se espera y se dice sobre lo que significa “fallar” en la escuela.

Además, me parece importante decir que no todo es meritocrático, aunque muchas veces nos lo vendan así. Hay muchos factores que influyen en cómo te va en la escuela  (emocionales, familiares, económicos, de salud, sociales…) y muchos de ellos no están bajo nuestro control. Decir esto no es excusarse ni camuflar una supuesta vaguería, como a veces se insinúa. Es simplemente reconocer que cada persona tiene su historia, su contexto y sus propias luchas. Y que aprender, crecer y salir adelante también es tener la valentía de seguir, incluso cuando el camino no es el que nos habían dicho que era el “correcto”.

A veces, aunque pongas todo de tu parte, las cosas no salen como esperabas. Y eso duele, claro que duele. Pero con el tiempo he empezado a pensar que tal vez, solo tal vez, eso que parecía un desvío era en realidad parte del camino. Que había algo que necesitaba vivir, algo que tenía que aprender de esa manera. Quizás había otros planes para mí, mejores incluso, aunque en ese momento no los pudiera ver. Porque la vida, aunque no siempre lo parezca, también cuida de nosotros. Y a veces lo que parece un final, es solo un giro hacia algo más grande, más verdadero y más nuestro 🤍

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