Conectando historias

Hace poco estuve leyendo los blogs de mis compañeros de clase y me ha encantado poder conocerles más allá de lo que compartimos en clase. Me ha parecido súper interesante y me ha hecho pensar en cómo aprendemos también fuera del aula, a través de nuestras conexiones. Leyendo a mis compañeros, aprendí no solo sobre sus ideas, sino también sobre cómo nos relacionamos y compartimos conocimiento. Esto me ha hecho pensar en el conectivismo, una teoría del aprendizaje que dice que el conocimiento no solo está en nuestra mente, sino en las redes que creamos: con personas, con ideas, con recursos digitales. Es decir, aprendemos conectándonos. Y creo que este blog, y los de mis compañeros, son un buen ejemplo de eso: estamos construyendo conocimiento juntos, compartiendo experiencias, dudas, reflexiones, nuestras historias… y eso también forma parte de nuestro aprendizaje.


Conectivismo: aprender en red

En 2004, George Siemens propuso el conectivismo como una nueva teoría del aprendizaje para la era digital. Decía que las teorías clásicas (como el conductismo, el cognitivismo o el constructivismo) ya no bastaban para explicar cómo aprendemos en un mundo en el que internet, redes sociales, plataformas y tecnología han transformado por completo nuestra forma de acceder al conocimiento.

Stephen Downes, otro de sus impulsores, definía el aprendizaje como la capacidad de crear y transitar redes. No se trata solo de estudiar libros o escuchar al profesor, sino de conectarnos: con personas, con plataformas, con contenidos diversos. Cada vez que elegimos seguir ciertos perfiles en TikTok, usar una app para organizar nuestros estudios o explorar temas en YouTube o con IA, estamos creando lo que se llama un Entorno Personal de Aprendizaje (PLE). Este concepto, difundido por Linda Castañeda y Jordi Adell, reconoce que cada persona configura su propio sistema de aprendizaje a través de decisiones cotidianas: a quién seguimos, qué consumimos, con qué fuentes confiamos, cómo interactuamos.

Lo más interesante es que el conectivismo plantea que la red no solo es el medio donde aprendemos, sino que es en sí misma un sujeto que aprende. La inteligencia es colectiva. El conocimiento ya no está solo en nuestras cabezas, sino también en los nodos tecnológicos con los que interactuamos, y en la forma en la que esos nodos (personas, algoritmos, plataformas) se relacionan entre sí.

Por eso, cuando leo el blog de un compañero, o comparto el mío, no solo estoy aprendiendo algo nuevo: estoy siendo parte activa de un proceso de construcción colectiva del conocimiento. Es como si entre todos tejemos una red en movimiento, una inteligencia compartida que se adapta, crece y evoluciona.


Lo que me conecta 

Bueno, también me di cuenta que en mi presentación no conté mucho sobre mí así que, por si alguien quiere conocerme un poco, voy a ello…

Me llamo Carla, tengo 19 años, y aunque los 20 me dan un poquito de miedo, también me ilusionan. Siento que el tiempo va muy rápido… pero a la vez no me siento mayor. Hay una parte de mí que sigue siendo muy niña, y lo noto mucho ahora que estoy leyendo un libro que se llama Los nombres propios. Me está encantando porque me hace conectar con esa niña pequeña que aún vive en mí, con esa forma de mirar el mundo con ilusión, con curiosidad, con ganas.



Tengo una hermana pequeña que se llama Rocío, tiene 7 años, y es, sin duda, el mejor regalo que me han hecho. Ser su hermana es una de las cosas que más me llenan el corazón. Tiene una forma tan bonita de estar en el mundo… siempre queriendo ayudar, con una energía que llena toda la casa. Y también tenemos a Lola, nuestra perrita, que ha estado conmigo desde muy pequeña. Para mí, Lola, es la sensación de estar agusto en casa aunque estés triste o cansada.




Me encanta correr y bailar. De pequeña estuve muchos años en atletismo, pero después de la cuarentena lo dejé… hasta que el año pasado volví. Ahora voy también al gym y me hace sentir muy bien. Es mi manera de soltarlo todo. Bailar siempre me ha gustado…Iba a una academia cuando era más peque, y aunque ahora no estoy  yendo a clases, tengo claro que me encantaría retomarlo el próximo año. Siempre digo que lo mejor es vivir bailando. Y que la música es nuestra banda sonora, que nos acompaña sin pedir nada a cambio.

Hay canciones que me llevan directamente a las personas que más quiero. Fito me recuerda a mi padre. Melendi, a mi madre. Benito, a mi amiga Lucía. Y Extremoduro… es mi pueblo, es ese rincón donde todo tiene sentido. Olivia Rodrigo dice con música lo que yo no sé decir con palabras. Y también disfruto muchísimo de un buen reguetón y una noche bailando con mis amigas. No sé qué haría sin ellas. Ahora mismo en Alcalá quedamos seis de las ocho, porque dos están estudiando fuera y el próximo año dos se van de Erasmus. Aun así, me encanta que pase el tiempo que pase, siempre intentamos seguir presentes unas en la vida de las otras.




Y si hay un sitio que siento como mío, ese es mi pueblo. Mi padre sueña con irse a vivir allí, y yo le sigo la corriente (aunque él lo dice muy en serio y yo… bueno, en algún momento, pero ahora no sería viable jsjsjs). En invierno, mi pueblo es calma, es frío pero también es calidez. Me encanta saludar con cariño a la gente y ver cómo vamos creciendo todos juntos. Aunque, si soy sincera, el verano es mi estación favorita. Diría que los agostos en mi pueblo son unos de mis mejores recuerdos. Me despiertan mucha nostalgia, de esa que se queda en el cuerpo y te hace sonreír bajito. Una vez leí a Marian Rojas que, cuando recuerdas un momento feliz (ya sea viendo una foto o simplemente pensándolo) tu cerebro no distingue si es un recuerdo o está pasando de verdad… y genera dopamina igual. Supongo que yo me aferro a eso. A recordar con amor. A vivir con ilusión :)





Comentarios

Entradas populares